15 abr 2006

Miguel Huezo Mixco

Al perro me lo imagino
(1/5)
Foto de Francisco Campos



“Tú, el seductor, airado can
de liviana llama entretejido,
perro de llamas y maldito.”
José Lezama Lima

La mujer de mis sueños

En mi sueño
tú eres una cabra de ubres largas
y yo un cerdo
un cerdo rojo que te persigue
En mi sueño usas otro nombre
y compareces ante un consejo de guerra
y yo llevo el nombre falso
de un capitán enemigo
En mi sueño esperas un hijo que no quieres
y yo no quiero
estar en tu lugar
En mi sueño calzas mis botas duermes en mi hamaca
fumas mis cigarros usas la misma talla de camisa
En mi sueño eres la que eres
la mujer de mi vida
y nos abandonamos por turnos
unas veces tú a mí otras veces yo a ti
Y corremos siempre a brazos equivocados
Una cabra loca
Un cerdo rojo


La perra, el lobo

Todas las noches entregaba un cordero
de mi rebaño al lobo con que me apareaba
Olfato y piel me consta estaba flaco
Pobres borregos
mojaban de miedo sus vellones
Ladra un perro al día a la noche y su ladrido
señala mi hora
pompas de jabón que emergen de un lavaplatos
ruido de ducha manchas de aceite
venid y borrad el miserable tiempo de lo vivido
Adiós
al pasto a la lluvia
al vaivén de los murciélagos bajo las noches inyectadas
con su leche
adiós a las delicias del tiempo y del sueño
adiós soles ociosos cuya luz me fascina
adiós máquina vibrante de su cola
Huelo mis huesos blancos mi carne rosa
con tenues gemidos a la sombra del árbol
entre el verde olor el soplo mi lobo
Toda la divina oscuridad mora en esos ojos
Espuma y chispa
Mi sangre se vistió con su hermosura
Come de esta vulva
Juega a sangrar entre las ásperas cobijas
Di que mintieron los profetas
Y cruje mi corazón como el envoltorio de un caramelo


Managua era una fiesta

Amanecíamos con tambores / güiros de lata
un pregón despellejado me despertaba
antes que el sol de la época
y a ciegas
buscaba con las manos
el cuerpo de Faustina Simpson
Dormíamos en los escombros
del viejo centro de Managua
al lado del templo de Santo Domingo
en agosto / la fiesta del santo
cuando los perros van a misa
Y el calor recalaba
tanto
que debíamos echarnos agua tres veces al día
Enfundada en una máscara que me quitaba el aliento
Tina prendía el abanico la música
con sus calzones
miraba mis manos amujeradas
negándose a leer
lo que sus naipes ya sabían
Una noche
perdidos o hallados ya no sé
cruzamos el barrio
la feria
las carpas
riñas de búfalos
la ciudad
sus ídolos sepultados
Quedaban sólo
Marvin Zelaya el pelotero
un semidiós erguido en su montículo de pinol
Y Carlos Martínez Rivas
(el último de sus poetas vivos)
que a esa hora
cuando Tina y yo nos metíamos en la cama
dormía la zumba
El azar y la maldad
que todo lo pueden
nos pusieron allí
Managua
tan despierta
jamás la había visto con un moño